Imaginario vs. realidad: el reto de medir el acoso sexual laboral

Imaginario vs. realidad: el reto de medir el acoso sexual laboral

Si buscas en Google las palabras “acoso sexual laboral” y vas a la sección de imágenes, muy probablemente te aparezca algo como esto:

La mayoría de fotos e ilustraciones muestran escenas en una oficina en las que un hombre está tocando el hombro o la mano de una mujer. Generalmente, él está parado detrás de ella y no necesariamente le vemos la cara. Ella o aleja la mirada y expresa incomodidad o mira directamente la mano del hombre y expresa sorpresa. Esta es la imagen colectiva que construimos a través de los años sobre cómo se ve el acoso sexual laboral.

Hemos aprendido a identificar el acoso sexual laboral por sus manifestaciones más graves, sobre todo aquellas que muestran un tocamiento físico o un chantaje sexual. Pero así como hay conductas altamente identificadas, existen también aquellas que no lo son y por lo tanto son altamente toleradas por muchas personas en espacios laborales. Por ejemplo, en el Informe ELSA 2021, el 93% de la población encuestada señala que las “insinuaciones o propuestas de mejoras laborales a cambio de aceptar invitaciones, acercamientos o encuentros sexuales” son hostigamiento o acoso sexual en el trabajo. Sin embargo, cuando se trata de “comentarios o bromas de contenido sexual o sexista” la identificación se reduce a un 61%. ¡30% menos!  

¿Qué pasa cuando la conducta no coincide con la imagen “típica” del acoso sexual que tenemos en la cabeza?

Nos parece normal y la dejamos pasar. No catalogamos la situación por su nombre, lo seguimos tolerando y con ello, permitimos que continúe sucediendo; seamos víctimas, testigos o posibles agresores.

Pero además, si alguien nos pregunta si hemos sido víctimas de acoso sexual en el trabajo, contestaremos que no.

Es importante detenernos en el riesgo que esto representa para nuestras organizaciones. Cuando nuestra manera de saber qué tanto ocurre esto dentro de nuestra organización se basa en la autoidentificación de las personas como víctimas, dependemos de la definición y el imaginario que cada uno y cada una tenga sobre el tema. Si piensan que ser víctima de acoso sexual laboral significa exclusivamente estar en una situación como estas (o peores), sus respuestas no necesariamente reflejarán la realidad de nuestra organización. Y sabemos que es más difícil trabajar en un problema si no conocemos su verdadero alcance.

Entonces, para trabajar estratégicamente en la prevención y atención del acoso sexual laboral, necesitamos una manera de detectar la recurrencia de sus diferentes formas sin importar cómo estén categorizadas. En la encuesta ELSA, empleamos dos preguntas diferentes para detectar la prevalencia de este problema dentro de las organizaciones. Primero, hacemos la pregunta directa:

En relación a tu trabajo actual, ¿En los últimos 12 meses has sido objeto de una situación de hostigamiento o acoso sexual laboral?

Las opciones de respuesta son “Sí me ha pasado”, “No me ha pasado” y “No estoy seguro/a”. Las personas que marcan “Sí me ha pasado” reciben un set de preguntas diferenciado puesto que reconocen expresamente haber vivido una situación de acoso sexual laboral. A las personas que marcan cualquiera de las otras dos opciones de respuesta, les aparece esta pregunta a continuación:

En relación a tu trabajo actual, ¿en los últimos 12 meses has experimentado alguna de estas situaciones?

Las opciones de respuesta son nuevamente “Sí me ha pasado” y “No me ha pasado” pero esta vez les mostramos una lista de 12 situaciones típicas del acoso sexual laboral. Por ejemplo, si alguien te ha invitado reiteradas veces a salir a pesar de que no has aceptado o  si alguien te ha hecho comentarios sobre tu apariencia física/cuerpo que te generaron incomodidad, entre otras. De esta manera, las personas nos podrán contar si han tenido algunas de estas vivencias, sin importar que no las cataloguen expresamente como acoso sexual laboral.

La prevalencia es la suma de respuestas positivas a estas dos preguntas. La diferencia entre las respuestas nos muestra la brecha que hay en la correcta identificación de estas conductas por lo que son. Visibilizar y entender esta brecha nos permite trabajar de manera estratégica en la prevención del acoso sexual laboral dentro de nuestra organización. Para detectar el porcentaje de acoso sexual laboral, no basta con preguntarle a nuestro personal si han sido víctimas de ello: necesitamos explorar las distintas formas en las que esto se vive y agregar nuevas imágenes a nuestra etiqueta mental de acoso.

Si te interesa conocer la prevalencia real del acoso sexual laboral en tu organización e implementar la encuesta ELSA, puedes escribir a pia.olea@genderlab.io.